Tras una semana cubriendo para vosotros el Festival de Cannes (y con todavía mucho trabajo por delante), he llegado a la conclusión que Cannes es una ciudad de excesos. Yates, fiestas, joyas, vestidos y hasta las prostitutas de lujo forman parte obligada del día a día de lo que se vive y se respira aquí en La Croisette.
Los excesos de Cannes no solo se ven en la alfombra roja. (Electrolux/WireImage)
Las estrellas del cine llegan hasta Cannes desde todas partes del mundo. Se diría que el 90% viaja en avión, ya sea privado o en primera clase, con algunos franceses que se acercan desde París en coche o limousine, pero hay una pequeña minoría que opta por una opción de lo más extravagante: anclando en el mar Mediterráneo. Sí, hay quienes se vienen y se hospedan en sus propios yates.
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Dos de ellos son Steven Spielberg y Roberto Cavalli. Según los rumores, el Rey Midas cumple parte de sus funciones como presidente del jurado desde el Seven Seas, su lujoso yate de 86 metros de eslora, gracias a su sala privada de proyecciones. Este barco
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