3, 2, 1… ¡acción!

Kirk Douglas, la censura y la escena erótica de ‘Espartaco’

A Kirk Douglas, leyenda viva del cine con 95 años, le encanta contar batallitas. Esta misma semana amenizó la proyección de una restaurada copia de Espartaco con algunas muy jugosas sobre la censura. Ante un público entregado a la causa, Douglas relató lo complicado que fue sacar adelante la adaptación de la novela histórica de Howard Fast en 1960. Eran los últimos años de la caza de brujas de McCarthy y sus compinches y los censores no dejaban escapar una. Y una de ellas fue la famosa escena de las ostras y los caracoles.

La escena fue recuperada en 1991 y la copia proyectada esta semana en el marco del Festival de Cine de 70mm la contenía, como no podía ser de otra forma. Espartaco sufrió varias mutilaciones para poder ser estrenada, pero la más sonada es la mencionada escena, que no se libró de la tijera por su alto contenido erótico entre dos de sus protagonistas que, para más inri, eran ambos varones. Intolerable para los censores.

Los artífices del atrevimiento eran Laurence Olivier y Tony Curtis. El primero interpretaba a Craso, que comete la osadía de invitar a su esclavo Antonio a entrar en la pileta con él y frotarle la espalda ataviado solo con un calzón más bien escaso de tela. Por si las imágenes fuesen poca cosa, el diálogo no tenía desperdicio. Craso intentaba seducir a su esclavo con un discurso acerca de si le gustaban más las ostras o los caracoles y si es inmoral comer lo primero, lo segundo o preferir ambas cosas. No hacía falta ser muy avispado para darse cuenta de que ostras y caracoles no eran más que metáforas para intentar dar esquinazo a los amigos de McCarthy. No funcionó y la película fue cercenada.

Fotograma de una escena censurada de Espartaco

Pasado el peligro y sabedores del valor histórico de la película, en 1991 se decidieron a restaurar e incluir el material eliminado. Sin embargo, tropezaron con el problema de que no contaban con el audio original de aquella escena. Tenían que doblarla. Con Tony Curtis no había problema. Llamaron al actor y él mismo repitió aquellas líneas de diálogo 30 años después. Pero con Laurence Olivier era imposible. Había muerto justo dos años antes. Solución: llamar a Anthony Hopkins, que se encargó de imitar la voz de Olivier.

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Pero las zancadillas de la censura a esta historia épica sobre la rebelión de un esclavo contra el imperio no se quedaron en mutilar su metraje. Douglas ha contado que el guionista, Dalton Trumbo, estaba en la lista negra de McCarthy y los pagos tuvieron que hacerse bajo pseudónimo. El guión también lo firmó con un nombre inventado, pese a que finalmente apareció en los títulos de crédito. El veterano actor ha reconocido que terminar la película fue todo un reto.

Douglas en la proyección de Espartaco

"No tienen idea de lo terribles que fueron esos años, cuando existía esta lista negra. Nadie empleaba a nadie que estuviera en ella", sentenció el actor antes de la proyección de la restaurada y completa copia de Espartaco a principios de esta semana.

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Aunque los problemas de este clásico del cine, rodado tras el apogeo del cine épico —en los cincuenta se estrenaron Quo Vadis, Ben Hur y Los diez mandamientos—, no fueron solo con la censura. Además de protagonizar Espartaco, Douglas era el productor y tuvo algún que otro encontronazo con los directores. Primero con Anthony Mann, que acabó fuera del proyecto. Y luego con Stanley Kubrick, al que no dejó meter demasiada mano, cuenta la leyenda. Pese a todo, Espartaco es un referente del cine épico e histórico y se alzó con cuatro Oscar.