Blancanieves (Mirror, Mirror), una gamberrada al servicio de Julia Roberts

Disculpen que no me levante. Crítica de cine

MADRID, 23 (EUROPA PRESS - Israel Arias)

Tarsem Singh agarra por la cabellera a Blancanieves y la sacude a su antojo para alumbrar una rocambolesca gamberrada tan simplona en su planteamiento como entretenida en su desarrollo. Todo ello para lucimiento y ¿gloria? de Julia Roberts, porque en Blancanieves (Mirror, Mirror) manda la mala.

Puede que a priori las generosas cejas de la hija de Phil Collins rivalicen con la todopoderosa boca de la Roberts, pero lo cierto es que... no hay color. Desde el prólogo con marionetas -uno de los pasajes más lúcidos del film- la madrastra deja bien claro que esta es SU historia, la de la reina mala y no la de la dulce, nívea e insípida jovencita que da nombre al cuento y que encarna Lily Collins.

El gran acierto de Blancanieves es que ni el director ni los guionistas (Melisa Wallack y Jason Keller) se toman nada muy en serio. Con la consabida fórmula de exagerar hasta la caricatura los clichés del cuento, un arte que hace ya más de una década perfeccionaron los señores de Dreamworks con la primera entrega de Shrek, convierten el ñoño cuento en un disparate sorprendente y a ratos, hay que reconocerlo, muy divertido.

Lo consiguen gracias a un tono irónico, desenfadado y un punto de mala leche del que carece el ogro verde y que además encuentra su complemento perfecto en el excesivo estilo de Tarsem Singh. El director de La Celda, El sueño de Alexandria e Inmortals es un adicto confeso al exceso visual y la historia de los hermanos Grimm no iba a ser una excepción. Blancanieves es un atracón para los ojos que dejará empachados tanto a grandes como a pequeños.

GENIAL VESTUARIO

Y buena parte del enorme vigor y músculo visual de la cinta del cineasta indio se debe al genial trabajo de la recientemente fallecida diseñadora de vestuario Eiko Ishioka, ganadora de un Oscar por el magistral vestuario del Drácula de Francis Ford Coppola. Sus trajes son el mejor de los guiones y la forma en la que traviste a los personajes en algunas escenas supera con creces cualquiera de los chistes o gracietas.

Cortesanos horteras, sirvientes abnegados, enanos renegados con nombres molones, un apuesto y atolondrado Príncipe Azul (Armie Hammer) e incluso un gran y temible monstruo pueblan este excéntrico y ampuloso mundo de cuento en el que reinan, de forma indiscutible y casi despótica, la monarca Roberts y su espejito mágico.

Por cierto, ¿No recuerdan demasiado ella y su corte a la Reina de Corazones y su séquito de la Alicia de Tim Burton? Esto es lo de menos, porque si decidimos pasar al otro lado del espejo y echar un vistazo a este reflejo hiperbarroco del cuento de Blancanieves perpetrado por Singh... es mejor dejarse llevar y no hacer demasiadas preguntas.